Catedral de Málaga (La Manquita)

EL POR QUÉ DE SU NO TERMINACIÓN
Mª Victoria Campos Rojas
(Doctora en Historia por la Universidad de Málaga)

Publicacion en la revista Jábega 16

 

Catedral de Málaga

INTRODUCCIÓN

La Historia se podría conceptualizar como una sucesión de hechos entrelazados; muchos de estos acontecimientos los conocemos a través de documentos de juicios orales, desvirtuados con el paso del tiempo, tradiciones que, y es nuestra opinión, deben tener un trasfondo documental. El porqué de estas tradiciones es algo que sería difícil vislumbrar; lo que no lo es tanto es el acontecimiento en sí, la verdad histórica surgida de documentos escritos. Una de estas tradiciones orales asegura que el dinero que estaba dispuesto para la construcción de la otra torre de la Catedral de Málaga, fue enviado por el Cabildo para la independencia norteamericana ( 1). Lo cierto es que hasta ahora no se ha encontrado absolutamente nada que niegue o afirme tal juicio oral. Pero al encontrarme trabajando sobre la personalidad y figura del Obispo Molina Lario en la Málaga de los años 1776-1783, me topé con unos documentos referentes al hecho en cuestión; ello me llevó a investigar las raíces más profundas, estudié legajos, actas, documentos, folletos y minutas, haciendo una clasificación concienzuda de datos para una más amplia y mejor comprensión del tema. Tras largo tiempo y ardua tarea llegué a comprender una de las innumerables incógnitas que nuestra Málaga nos depara en el curso de su historia.



CRONOLOGÍA DE LOS HECHOS

Tienen estos hechos su origen en marzo de 1782, cuando el Ayuntamiento de la ciudad envía un oficio al Cabildo Catedralicio, el que se dejan entrever las graves consecuencias que para Málaga producía la guerra que Francia y España sostenían contra Inglaterra. Nuestra ciudad debía pagar una contribución extraordinaria para el sufragio de la contienda, contribución excesiva para los ínfimos ingresos de la población. En consecuencia se intentó recurrir a otra forma de ingreso que pudiese engrandecer las arcas de la hacienda. Se pensó en arbitrios sin destino urgente, como el que la catedral obtenía para la fábrica de su templo, alegando que solo le faltaba una de sus torres y otros perfiles (2). El Cabildo no hizo esperar su afirmativa respuesta, aludiendo no obstante al error en que se encontraban, al faltarle a la catedral no sólo una de sus torres y algún que otro perfil, sino que quedaba aún por concluir una tercera parte de la obra contenida en los planes, las cuatro torres restantes de los cubillos (correspondientes a las puertas que flanquean los brazos del crucero), dos sacristías, el panteón y 'varías dependencias. Pese a exponer las graves consecuencias que acarrearía la cesación de las obras, se consideran meros ejecutores de las Reales Ordenes !s de Carlos III (3). Pero la solución a la petición que formulaba el Ayuntamiento no se hizo demorar demasiado, pues en junio el Cabildo recibió una carta de Floridablanca que no les favorecía (a la parte eclesiástica). Antes de pasar a dicha carta, podemos preguntarnos: ¿Qué ha ocurrido en los meses intermedios? ¿Qué curso han tomado sus deliberaciones?... El Ayuntamiento, lógicamente, tomó una solución: elevó al Consejo por medio del intendente de Granada, un ruego para que se le concediese a este municipio el posible apremio de un cinco por ciento sobre el tráfico de mercancías hasta la suma requerida como contribución extraordinaria (un millón de reales, e igualmente se le escribió a don José y don Miguel de Gálvez para que apoyasen dicha solicitud(4). La respuesta de don Miguel dejaba entrever una somera reducción de capital a la contribución fijada, expresando además que se haría un estudio detallado acerca de la posible puesta en vigor del arbitrio pedido (5). Tras estas gestiones, volviendo a la carta de Floridablanca, el Ayuntamiento y el Cabildo Catedralicio, recibieron la misma misiva; el primero por medio de don Miguel de Gálvez, y pese a ser ambas de igual contenido, los resultados no satisfacían por igual. En dichas cartas se decía que estando enterado el Rey de que el arbitrio de medio real de vellón concedido al Cabildo eclesiástico por cada arroba de frutos que se extrajeran del puerto, iría destinado a sufragar los gastos de construcción de la catedral, limitado a un cuartillo durante el tiempo necesario para completar las obras a partir de 1757, fuese destinado dicho arbitrio, perpetuamente, al Montepío de Cosecheros de la ciudad, para que todo su producto se emplee en la obra del camino de Antequera, así como en las de Vélez-Málaga y Granada; pero una vez finalizadas estas obras se destinaría lo recaudado por el arbitrio al mismo Montepío para mejoras y conservación de dichas obras. Para ello fueron nombrados superintendente de la obra y diputado del Montepío don Diego de Córdoba y don Manuel Vasco, respectivamente, con el objeto de hacer liquidación de todo lo percibido, y si faltase algo, que se hiciese el reintegro (6). A tenor de estos escritos, y basándonos en las Actas Capitulares y en los libros de Cartas de la catedral, podemos analizar la cuenta de pérdidas y ganancias consecuente de este arbitrio, así como el destino del capital resultante. Se comenzó, en Cabildo de 12 de junio, por nombrar los señores Tesorero y Doctoral encargados de hacer balance de 1754 y de los años sucesivos (7). Las obras se suspenderían en ese mes (8). Realizado el arqueo por los señores comisionados, resultó un capital en Tesorería, de 49.796 reales, cantidad inferior a la que debería, resultar de los diversos ingresos por arbitrios, ya que no se incluían los 450.000 reales que se concedieron por S.M. el Rey; y por R. O. de 1757 se procedía con la equivocación de no haber incluido, de cargo, la suma de 133.568,22 reales, de los que resultaban contra la catedral 83.742,5 reales. Dicho estado de cuentas del Cabildo, fue enviado al señor conde de Floridablanca, rogándole al mismo tiempo la permanencia del arbitrio hasta la conclusión de la obra (9). En realidad eran dos los estados de cuentas:

  • Uno, formado desde octubre de 1757, con el cargo de 861.032 reales, debiendo figurar la cantidad de 994.600,22 reales, que fue en efecto la percibida. Se omitieron, pues, 133.568,22 reales de vellón.
  • El otro estado corresponde a lo percibido desde la puesta en vigor del arbitrio por el Consejo de Estado, y en él no se incluye la suma de 450.000 reales. El Cabildo esperaba que cuando la Corona estuviese desahogada, completaría la cantidad menguante hasta su conclusión, que verificada será uno de los templos más asombrosos de Europa y capaz de dar lustre a la nación (10). El Cabildo recibía, por medio del conde de Floridablanca, la aprobación que S. M. el Rey había concedido, de la liquidación efectuada por los diputados que él mismo nombró y los nombrados por el cabildo, por lo que no sólo quedó completa la cantidad, sino que se percibieron de más 83.742,5 reales, con lo que el producto de dicho arbitrio fue aplicado al Montepío de Cosecheros (11).

 


CONCLUSION

Ante todo esto, únicamente podemos confirmar que el destino que se le dió al dinero para la terminación de las obras de la Catedral de Málaga, siguió un curso muy distinto al que refleja la tradición oral, permaneciendo en la ciudad como abono al Montepío de Cosecheros, para el mantenimiento de los caminos de Antequera, Vélez-Málaga y Granada. Con ello, lo único que hemos querido demostrar es la incongruencia de la tradición oral.


NOTAS ('pinche' en documento 1, 2, ... y podrá ver el contenido de dicho documento)

( 1 ) Cf. Diario SUR de Málaga, 14 de noviembre de 1975.

( 2) Actas Capitulares, núm. 54, de la S.I.C., 5 de marzo de 1782, fol. 25-26 (Ver documento 1).

( 3) Minutas de Cartas del Cabildo, núm. 7, 5 de marzo de 1782, fol. 158-160 (Ver documento 2).

( 4) Archivo Municipal de Málaga: Actas Capitulares, núm. 172, 14 de marzo de 1782, sin foliar (Ver documento 3).

( 5) Ibídem. 3 de junio de 1782, sin foliar (Ver documento 4).

( 6) Ibídem. 10 de junio de 1782, sin foliar (Ver documento 5). Actas Capitulares. Núm. 54, de la S.I.C. 10 de junio de 1782, fol. 46- 47 (Ver documento 6).

( 7 ) Actas Capitulares, núm. 54, de la S.I.C. 12 de junio de 1782, fol. 48 (Ver documento 7).

( 8) Ibídem. 14 de junio de 1782, fol. 49 (Ver documento 8).

( 9) Ibídem. 14 de julio de 1782, fol. 55-56 (Ver documento 9).

(10) Minutas de Cartas del Cabildo, núm. 7,19 de julio de 1782, fol. 165-166 (Ver documento 10).

( 11) Actas Capitulares de la S.I.C. 18 de agosto de 1782, fol. 70-71 (Ver documento 11).


FUENTES DOCUMENTALES

  1. (Actas Capitulares y Minutas de Cartas del Cabildo de la Catedral de Málaga)
  2. (Actas Capitulares del Ayuntamiento de Málaga)

 

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